Ria Sunn nació en la prefectura de Okayama, Japón, en el año 2002. Creció en un entorno tranquilo, rodeada de naturaleza y con una familia que valoraba la privacidad. Desde muy joven mostró una personalidad reservada pero curiosa, lo que la llevó a explorar el mundo digital durante su adolescencia. Fue en esa etapa cuando descubrió su interés por la fotografía y el modelaje, aunque nunca imaginó que ese camino la conectaría con la industria para adultos.
Su primer acercamiento al mundo del entretenimiento ocurrió cuando un cazatalentos la contactó a través de redes sociales. En ese momento, Ria trabajaba en una tienda de conveniencia y estudiaba idiomas por su cuenta. La propuesta la tomó por sorpresa, pero después de pensarlo durante varias semanas, decidió dar el paso. «No quería arrepentirme de no haberlo intentado», comentó en una entrevista recogida en su perfil oficial. Así, con 19 años, firmó su primer contrato con una agencia local.
Tras debutar en el mercado japonés bajo el nombre artístico de Ria Sunn, rápidamente llamó la atención por su estilo natural y su actitud profesional. Sin embargo, su gran oportunidad llegó cuando una productora estadounidense la invitó a grabar en Los Ángeles. El choque cultural fue fuerte: el ritmo de trabajo, el idioma y las dinámicas del set eran muy diferentes a lo que conocía. «Al principio me sentía perdida, pero aprendí inglés viendo series y hablando con los compañeros», relata.
Durante ese periodo, Ria tuvo que adaptarse a horarios extenuantes y a la presión de estar lejos de su familia. Para sobrellevarlo, creó una rutina que incluía ejercicio diario y llamadas semanales con su madre. También empezó a escribir un diario personal, una práctica que mantiene hasta hoy y que considera clave para mantener el equilibrio emocional. Estas experiencias moldearon su visión del trabajo: para ella, cada escena es una oportunidad de expresar una faceta diferente de sí misma.
Uno de los hitos que marcó su trayectoria fue la colaboración con un estudio reconocido por su enfoque artístico. Ria recuerda que el director le pidió que improvisara un monólogo en japonés sobre la soledad, y ese momento se convirtió en una de las escenas más comentadas de su filmografía. «Fue catártico. Pude soltar cosas que ni yo sabía que llevaba dentro», confesó en una charla con seguidores.
Otro episodio significativo ocurrió durante una gira promocional por Europa. En Barcelona, una fan le regaló un dibujo hecho a mano que representaba su evolución personal. Ria lo enmarcó y lo colocó en su habitación como recordatorio de que su trabajo impacta a personas reales. «A veces olvidas que detrás de las pantallas hay vidas, emociones», afirma. Ese tipo de encuentros la motivaron a ser más abierta sobre su propia historia en redes sociales, donde comparte fragmentos de su día a día.
Lejos de las cámaras, Ria Sunn es una apasionada de la cocina tradicional japonesa. Aprendió a preparar ramen y okonomiyaki observando a su abuela, y ahora disfruta enseñando recetas a sus amigos internacionales. También practica caligrafía, una disciplina que considera meditativa y que la conecta con sus raíces. «Cuando cojo el pincel, el ruido de fuera desaparece», dice.
Además, ha desarrollado un interés por la psicología humana. Lee libros sobre comportamiento y asiste a talleres online sobre inteligencia emocional. Este conocimiento lo aplica tanto en su vida personal como en el set, donde intenta crear un ambiente de respeto y confianza con sus compañeros. «Cada persona tiene una historia, y entenderla hace que el trabajo fluya mejor», asegura.
A lo largo de estos años, Ria ha tenido que lidiar con prejuicios y estereotipos, especialmente por venir de una cultura conservadora. Su familia, aunque al principio mostró preocupación, hoy la apoya incondicionalmente. «Mi madre dejó de ver mi trabajo como algo tabú cuando entendió que era mi decisión y que era feliz», explica.
De cara al futuro, Ria no descarta explorar otros formatos, como la dirección o la producción independiente. Sin embargo, insiste en que su prioridad sigue siendo la autenticidad. «No quiero convertirme en un personaje; quiero que la Ria que ven en pantalla sea la misma que toma café con sus amigos», concluye. Con esa filosofía, sigue construyendo una carrera que, para ella, es más que un oficio: es un espejo de su propia evolución.